martes, 20 de enero de 2015

Santa Inés Corderita


En Roma, sobre la vía Nomentana, a cerca de dos kilómetros de Puerta Pía, se encuentra el complejo de Santa Inés que incluye los restos de la basílica constantiniana, el mausoleo de Constanza y la basílica honoriana del siglo VII, cuyo nivel se localiza muchos metros por arriba del paso peatonal. Hay que bajar 43 largas escalerillas, divididas en ocho niveles.

En el último nivel de la escalera, sobre la pared izquierda, hay fijada una placa de mármol del 357, que formaba parte del sepulcro de la mártir que mandó arreglar el papa Liberio (352-366). Al centro está representada la pequeña mártir Inés en actitud orante, envuelta en una amplia dalmática, la túnica corta que portaban los romanos. El artista desconocido ha logrado trazar un delicado retrato espiritual de la joven mártir. El rostro redondo y las mejillas rechonchas iluminadas de una sonrisa ligera y serena, mientras la cabeza es coronada de una suave y ondulada cabellera de rizos a cascada.

El papa Dámaso (336-384), gran devoto de los mártires, hizo grabar sobre una placa de mármol versos que narran la historia de la mártir.

¡Oh alma [Inés], digna de que yo te venere, santo decoro del pudor, te pido, oh ilustre Mártir, que seas propicia a las preces de Dámaso!

La santa mártir Inés murió el 21 de enero, durante la última persecución, infligida por el emperador Diocleciano a los cristianos, en un año entre el 303 y el 305 d.C. La Tradición cuenta que Inés era una jovencita cristiana de doce años que quería vivir enteramente por su Jesús, sirviendo a los pobres. La pequeña Inés extraía su fuerza y su coraje de la Eucaristía, que los cristianos celebraban al ponerse el sol reuniéndose secretamente en alguna casa, domus ecclesiae, para celebrar la fractio panis. Como está escrito en los Hechos de los Apóstoles, 2, 42: “Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a la oración”.

Fue inmediatamente notoria por su belleza y pedida por esposa para el hijo del prefecto de la ciudad de Roma, pero al rechazarlo, fue obligada a rendir honores a los dioses. Fue empujada al templo de la Diosa Vesta y obligada a mostrarse desnuda pero ella, corderillo de Dios, se escondió detrás de sus largos cabellos. Nadie osó violarla; le colocaron violentamente la cabeza sobre una piedra y el verdugo con la espada la degolló, como se hace con los corderos cuando están en la carnicería. Sus padres rescataron el cuerpo y le dieron sepultura en un pequeño espacio en la Vía Nomentana.

Sobre la tumba de Inés, rezaba y lloraba Emerenciana, su hermana de leche, quien fue descubierta por una turba de crueles paganos que después de haberla escarnecido, la golpearon a muerte lapidándola. Todavía hoy los cuerpos de Inés y de Emerenciana reposan en paz en una espléndida urna de plata, regalo del papa Pablo V Borguese (1605-1621), bajo el altar mayor de la basílica, sobre la vía Nomentana.

Sobre el mismo altar, cada año, el 21 de enero (día en que la Iglesia recuerda a la Santa), se bendicen dos corderillos, cuya lana se tejerá por las madres benedictinas de Santa Cecilia en Trastevere para hacer los sacros palios.

El palio es una estola de lana blanca con cinco cruces rojas, símbolo del dulce yugo de Cristo, el buen Pastor, que toma sobre sí la oveja perdida y sus llagas; la parte final de los bordes del palio es de color negro para indicar los pasos de las ovejas que los obispos y pastores deben cuidar. El palio es impuesto por el papa en la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, el 29 de junio, a los nuevos arzobispos metropolitanos, para recordar la especial comunión que los liga a la sede apostólica.

Esta es la tradición de la Iglesia.

martes, 13 de enero de 2015

San Félix de Nola


Natural de Nola, abrazó el servicio apostólico desde muy joven. Al morir su padre, Feliz distribuyó su herencia entre los pobres y fue ordenado sacerdote por San Máximo, Obispo de Nola. Al iniciarse una cruel persecución contra la Iglesia, Máximo huyó al desierto para continuar al servicio de su rebaño.

Al no ser encontrado por los soldados romanos, Felix, quien lo sustituía en sus deberes pastorales, fue tomado preso, azotado, cargado de cadenas y encerrado en el calabazo cuyo piso estaba lleno de vidrios.

Sin embargo, el Ángel del Señor se le apareció y le ordenó ir en ayuda de su Obispo, quien yacía medio muerto de hambre y de frío. Ante su capacidad de hacerlo volverlo en sí, el Santo acudió a la oración y al punto apareció un racimo de uvas, cuyas gotas derramó sobre los labios del maestro, el cual recuperó el conocimiento siendo conducido luego a su Iglesia.


Felix permaneció escondido orando permanente por la Iglesia hasta la muerte de Decio; sin embargo, continuó siendo perseguido hasta que se estableció la paz de la Iglesia. Murió en medio de la pobreza y el servicio de los más necesitados, a pesar de que fue elegido como Obispo de Nola.

viernes, 9 de enero de 2015

San Agatón Palermo


Papa. Agatón: “bueno”. Patrono de Palermo Italia
La personalidad el Papa Agatón está marcada por tres grandes características. La primera es la insólita longevidad, vivió hasta los 107 años, hecho encomiable por el desgaste físico que representa el ejercicio de la autoridad, que la detentó por veintitrés años.

Cuándo en Roma sobrevino la peste puso de manifiesto su exquisita y efectiva caridad pastoral.

Por lo que más lo representa es su ansía de unidad con la Iglesia de Oriente, ya que remitía los resultados del Sínodo lateranense dónde se había declarado que en Cristo había dos voluntades, una divina y otra humana para que fuese ratificado por Constantinopla, que a tal efecto organizó un verdadero concilio, el sexto de Oriente. Los resultados que confirmaban la doctrina del lateranense fueron enviados a la espera de la confirmación papal lo que no pudo obtenerse por haber muerto el Papa Agatón.

Su gobierno experimentó las dificultades de toda gestión y debió dirimir cuestiones de jurisdicción con prudencia y caridad.

jueves, 4 de octubre de 2012

San Francisco de Asis



San Francisco de Asís  

(1181-1226)  Las oraciones de la Misa trazan hoy un fiel retrato de San Francisco. Este hombre de Dios «dejó su casa, abandonó la herencia que le pertenecía y logró llegar a ser pobre y necesitado; v así. el Señor le tomó a su servicio».

Francisco llevó una vida «asemejándose a Cristo por la humildad y la pobreza», llena de «amor jubiloso»; «se consagró al misterio de la cruz»; «en su caridad y en su celo apostólico», se puso al servicio de todos para salvarlos a todos.   Francisco de Asís es, sin duda, el santo cuya vida ha reproducido más a la letra la de Jesús.

Desde el día en que, en San Damián oyó cómo le decía el Crucificado: «Vete y repara mi Iglesia en ruinas» (1206) hasta aquel otro en que, sobre el Averno, recibió los estigmas de la Pasión (1224), y al de su muerte, tendido en tierra, cerca de Santa María de los Ángeles (1226), toda su vida dilatada de itinerante entre sus hermanos a los que por humildad, llamó Hermanos Menores.

Francisco no tuvo otro deseo que fijar sus pasos tras las huellas de Jesús, a fin de vivir las Bienaventuranzas. «Dichosos los pobres»: Francisco se encuentra reflejado por entero en esas palabras: . dicha y pobreza, dicha nacida de la pobreza, simplicidad de corazón y humilde adhesión a los ministros de Jesucristo, ternura para con todos los hombres y, más allá de ellos mismos, para con todas las criaturas, tal es el secreto de la felicidad que Francisco enseñó a sus hermanos y hermanas.   Y su mensaje sigue permanente en la Iglesia.«El varón que tiene corazón de lis, alma de querube, lengua celestial, el mínimo y dulce ... », dirías que es el santo más para todo el mundo.

Ateos, agnósticos, herejes, anticlericales, todos sienten una ternura especial por el Poverello, y de esta manera quizá se abarata un poco su santidad, hecha sentimentalismo laico.   De todas formas, quede claro que no era un bohemio caprichoso, como hijo de mercader sabía muy bien lo que costaba el dinero, pero también que el camino hacia Dios pasa por la renuncia, por lo que suele llamarse pobreza, y cuando ya no tenemos nada habrá que seguir dando, se da uno mismo, lo que se es.

Mientras tengamos cosas, éstas nos protegen de Dios, y una vez libres de las cosas y de su deseo, sólo queda darse, y eso es lo que significa la Pobreza. Lo que todos queremos rehuir prescindiendo cómodamente de lo exterior y de lo superfluo, hasta que desnudos de todo, se acaba dando el último reducto, la voluntad.   Y sin embargo nadie glorificó como él la Creación, el hermano mundo. Desprendido de todo y amante finísimo de todo, del agua, del fuego, de la tierra, del aire, del hermano lobo, de la hermana ceniza, que es casta, decía, hasta de unos pasteles de almendra que le preparaba cariñosamente una devota.

El mundo, visto a través de Dios, es fraterno y hermoso, hasta en la hermana muerte, se disfruta en su voluntaria privación. Es el arte de la posesión en Dios, el arte de poseer la tierra con esa extraña lógica de los santos que es su tener y no tener: no teniendo nada, no deseando nada, se posee de verdad todo, siendo libre de las cosas se señorea alegremente el universo.   ¡¡¡ paz y bien !!!  Paix et bien!!!  frieden und guten!  Pace e bene!  Peace and godness!

lunes, 10 de septiembre de 2012

San Nicolás de Tolentino


San Nicolás de Tolentino

El nombre Nicolás significa: "Victorioso con el pueblo" (Nico = victorioso. Laos = pueblo). El sobrenombre Tolentino le vino de la ciudad italiana donde trabajó y murió. 

Sus papás después de muchos años de matrimonio no tenían hijos, y para conseguir del cielo la gracia de que les llegara algún heredero, hicieron una peregrinación al santuario de San Nicolás de Bari. Al año siguiente nació este niño y en agradecimiento al santo que les había conseguido el regalo del cielo, le pusieron por nombre Nicolás. 

Ya desde muy pequeño le gustaba alejarse del pueblo e irse a una cueva a orar. Cuando ya era joven, un día entró a un templo y allí estaba predicado un famoso fraile agustino, el Padre Reginaldo, el cual repetía aquellas palabras de San Juan: "No amen demasiado el mundo ni las cosas del mundo. Todo lo que es del mundo pasará". Estas palabras lo conmovieron y se propuso hacerse religioso. Pidió ser admitido como agustino, y bajo la dirección del Padre Reginaldo hizo su noviciado en esa comunidad. 

Ya religioso lo enviaron a hacer sus estudios de teología y en el seminario lo encargaron de repartir limosna a los pobres en la puerta del convento. Y era tan exagerado en repartir que fue acusado ante sus superiores. Pero antes de que le llegara la orden de destitución de ese oficio, sucedió que impuso sus manos sobre la cabeza de un niño que estaba gravemente enfermo diciéndole: "Dios te sanará", y el niño quedó instantáneamente curado. Desde entonces los superiores empezaron a pesar que sería de este joven religioso en el futuro. 

Ordenado de sacerdote en el año 1270, se hizo famoso porque colocó sus manos sobre la cabeza de una mujer ciega y le dijo las mismas palabras que había dicho al niño, y la mujer recobró la vista inmediatamente. 

Fue a visitar un convento de su comunidad y le pareció muy hermoso y muy confortable y dispuso pedir que lo dejaran allí, pero al llegar a la capilla oyó una voz que le decía: "A Tolentino, a Tolentino, allí perseverarás". Comunicó esta noticia a sus superiores, y a esa ciudad lo mandaron. 

Al llegar a Tolentino se dio cuenta de que la ciudad estaba arruinada moralmente por una especie de guerra civil entre dos partidos políticos, lo güelfos y los gibelinos, que se odiaban a muerte. Y se propuso dedicarse a predicar como recomienda San Pablo. Oportuna e inoportunamente". Y a los que no iban al templo, les predicaba en las calles. 

A Nicolás no le interesaba nada aparecer como sabio ni como gran orador, ni atraerse los aplausos de los oyentes. Lo que le interesaba era entusiasmarlos por Dios y obtener que cesara las rivalidades y que reinara la paz. El Arzobispo San Antonino, al oírlo exclamó: "Este sacerdote habla como quien trae mensajes del cielo. Predica con dulzura y amabilidad, pero los oyentes estallan en lágrimas al oírle. Sus palabras penetran en el corazón y parecen quedar escritas en el cerebro del que escucha. Sus oyentes suspiran emocionados y se arrepienten de su mala ida pasada". 

Los que no deseaban dejar su antigua vida de pecado hacían todo lo posible por no escuchar a este predicador que les traía remordimientos de conciencia. 

Uno de esos señores se propuso irse a la puerta del templo con un grupo de sus amigos a boicotearle con sus gritos y desórdenes un sermón al Padre Nicolás. Este siguió predicando como si nada especial estuviera sucediendo. Y de un momento a otro el jefe del desorden hizo una señal a sus seguidores y entró con ellos al templo y empezó a rezar llorando, de rodillas, muy arrepentido. Dios le había cambiado el corazón. La conversión de este antiguo escandaloso produjo una gran impresión en la ciudad, y pronto ya San Nicolás empezó a tener que pasar horas y horas en el confesionario, absolviendo a los que se arrepentían al escuchar sus sermones. 

Nuestro santo recorría los barrios más pobres de la ciudad consolando a los afligidos, llevando los sacramentos a los moribundos, tratando de convertir a los pecadores, y llevando la paz a los hogares desunidos. 

En las indagatorias para su beatificación, una mujer declaró bajo juramento que su esposo la golpeaba brutalmente, pero que desde que empezó a oír al Padre Nicolás, cambió totalmente y nunca la volvió a tratar mal. Y otros testigos confirmaron tres milagros obrados por el santo, el cual cuando conseguía una curación maravillosa les decía: "No digan nada a nadie". "Den gracias a Dios, y no a mí. Yo no soy más que un poco de tierra. Un pobre pecador". 

Murió el 10 de septiembre de 1305, y cuarenta años después de su muerte fue encontrado su cuerpo incorrupto. En esa ocasión le quitaron los brazos y de la herida salió bastante sangre. De esos brazos, conservados en relicarios, ha salido periódicamente mucha sangre. Esto ha hecho más popular a nuestro santo. 

San Nicolás de Tolentino vio en un sueño que un gran número de almas del purgatorio le suplicaban que ofreciera oraciones y misas por ellas. Desde entonces se dedicó a ofrecer muchas santas misas por el descanso de las benditas almas. Quizás a nosotros nos quieran pedir también ese mismo favor las almas de los difuntos.

jueves, 6 de septiembre de 2012

San Zacarías


En la S. Biblia se llama profeta al que trae mensajes de Dios. Muchas veces los profetas avisan cosas que van a suceder en el futuro, y el Libro Sagrado insiste en que hay que averiguar si lo que anuncian se cumple o no. Si se cumple es buena señal, pero si lo que profetizan no se cumple, es señal de que son falsos profetas. El oficio principal de un verdadero profeta es llamar al pueblo a la conversión y anunciar los males que llegarán si la gente no se convierte.

Otra de las señales para diferenciar un verdadero profeta de uno falso es que el profeta verdadero no acepta sino un solo Dios, el Dios creador de cielos y tierra y no rinde culto ni cree en ningún otro Dios. Además el verdadero profeta se conoce porque lleva una vida virtuosa, mientras que los falsos profetas puede ser que por fuera aparezcan hipócritamente como buenas personas pero en su vida íntima no son nada virtuosos.

Los profetas se dividen en dos clases: Profetas Mayores: los que escribieron obras de bastantes páginas. Son cuatro: Isaías y Jeremías, Ezequiel y Daniel. Y Profetas Menores, o sea, aquellos cuyos escritos son de muy pocas páginas.

Conmemoración de san Zacarías, profeta, vaticinador de la vuelta del pueblo desterrado a la tierra de promisión, anunciando al mismo tiempo que un rey pacífico, Cristo el Señor, entraría triunfante en la Ciudad Santa de Jerusalén, lo que se llevó a cumplimiento.

La fama de estos dos santos se debe a que fueron los papás de San Juan Bautista. El nombre de Zacaamado Zacarías, casado con Isabel, una mujer descendiente del hermano de Moisés, el sumo sacerdote Aarón".

De estos dos esposos hace el evangelio un elogio formidable. Dice así: "Los dos llevaban una vida santa, eran justos ante Dios, y observaban con exactitud todos los  mandamientos y preceptos del Señor". Ojalá de cada uno de nuestros hogares se pudiera decir algo semejante. Sería maravilloso.

Dice San Lucas: "Zacarías e Isabel no tenían hijos, porque ella era estéril. Además ya los dos eran de avanzada edad".Y un día, cuando a Zacarías le correspondió el turno de subir al altar (detrás del velo) a ofrecer incienso, toda la multitud estaba afuera rezando.

Y se le apareció el Ángel del Señor, y Zacarías al verlo se llenó de temor y un gran terror se apoderó de él. El ángel le dijo: "No tema Zacarías, porque su petición ha sido escuchada. Isabel su mujer, dará a luz un hijo, a quien pondrán por nombre Juan. Él será para ustedes gozo y alegría, y muchos se alegrarán por su nacimiento, porque será grande ante el Señor; no beberá licores; estará lleno del Espíritu Santo, y convertirá a muchos hacia Dios, y tendrá el espíritu del profeta Elías, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto".

Zacarías le dijo al ángel: "¿Cómo puedo saber que esto que me dice sí es cierto? Porque yo soy muy viejo e Isabel mi esposa es estéril". El ángel le dijo:"Yo soy Gabriel, uno de los que están en la presencia del Dios, y he sido enviado para comunicarle esta buena noticia. Pero por no haber creído a las palabras que le he dicho, se quedará mudo y no podrá hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, que se cumplirán todas a su tiempo".

El pueblo estaba esperando a que saliera Zacarías y se extrañaban de que demorara tanto en aparecer. Cuando apareció no podía hablarles, y se dieron cuenta de que había tenido alguna visión. Él les hablaba por señas y estaba mudo.

"Después Isabel concibió un hijo y estuvo oculta durante cinco meses (sin contar a los vecinos que iba a tener un niño)". Y decía: "Dios ha querido quitarme mi humillación y se ha acordado de mí".

El ángel Gabriel contó a María Santísima en el día de la anunciación, que Isabel iba a tener un hijo. Ella se fue corriendo a casa de Isabel y allí estuvo tres meses acompañándola y ayudándole en todo, hasta que nació el niño Juan, cuyo nacimiento fue un verdadero acontecimiento (como se narra en el 24 de junio).

Que Dios conceda a los padres de familia el imitar a Zacarías e Isabel, llevando como ellos una vida santa; siendo justos ante el Señor, y observando con exactitud todos los mandamientos y preceptos de Dios.

Nada es imposible para Dios (palabras del ángel a Zacarías).

martes, 4 de septiembre de 2012

Santa Rosa Viterbo



SANTA ROSA VITERBO

Gertrudis von le Fort ha escrito que la  verdadera genialidad de la mujer se encuentra en lo religioso, y que el mundo  profano no ha dado a la historia nombres comparables a Juana de Arco o a  Catalina de Sena. Rosa de Viterbo se halla en la línea de lo genial en  el mundo religioso.

El barrio gótico de Viterbo es uno de los lugares  más evocadores de la Edad Media. Cuando se habla de aquella época  hay que evitar dos escollos: o considerarla como la edad ideal del  cristianismo, a fijarse sólo en sus defectos, que los tuvo. Sin embargo,  prevalecen los aspectos positivos. En ninguna otra edad de la historia se  dejó sentir tan intensamente el influjo del cristianismo en la vida  pública y privada, política y social, cultural y  artística. Un verdadero y sentido universalismo unió a los  pueblos bajo la dirección del Papa y del emperador. Todos tenían  fe, y se sujetaban gustosos al magisterio de la Iglesia, no faltando,  naturalmente, las excepciones. ¿Qué otro tiempo puede gloriarse de  creaciones como las universidades, las catedrales, las cruzadas, la Suma de Santo Tomás y la Divina Comedia de Dante? Los héroes  que se llevaban las simpatías de todos eran los santos. Santos del  calibre de un Tomás de Aquino, de un Domingo, de un Francisco de  Asís.

Rosa nació en Viterbo en 1235. Viterbo formaba parte  entonces del patrimonio de San Pedro. En 1216 había muerto Inocencio  III, a quien se ha llamado el Augusto del pontificado. Con él se  llegó a la cúspide de la autoridad de la Iglesia sobre el mundo.  Pero, a su muerte, el emperador Federico II estuvo en lucha constante con los  papas Gregorio IX e Inocencio IV. De la lucha salieron debilitados los dos  poderes, el imperial y el pontificio. Se acercaban días malos para la  Iglesia.

Los padres de Rosa eran pobres y excelentes cristianos. Ya  en su más tierna infancia todos se dieron cuenta de que Dios  tenía grandes planes sobre ella. De verdad que es asombrosa la mezcla de  lo natural y de lo sobrenatural en su vida. En vez de entregarse a los juegos  propios de su edad, se pasaba largos ratos ante las imágenes de los  santos, especialmente si eran imágenes de la Virgen Santísima.  Impresionaba la atención con que oía a sus padres cuando hablaban  de cosas de Dios. Desde muy pequeña sintió ansias de vivir en  soledad, ansias que casi nunca se realizaron del todo. Y siempre fue una  enamorada de la penitencia. Los viterbianos se avezaron a ver por sus calles a  una niña, que iba siempre descalza y con los cabellos en desorden.  Grandes eran sus austeridades en la comida, llegando a pasarse días  enteros con un poco de pan. Pan que muchas veces iba a parar a la boca de los  pobres, otra de sus santas debilidades. Corría tras los pobres y con  cariño inmenso les ofrecía todo cuanto tenía. Si fuera de  su casa era caritativa, es fácil imaginar el respeto y amor con que  mimaba a sus padres.

En Viterbo había un convento de religiosas, llamado  de San Damián. A sus puertas llamó nuestra heroína, pero  inútilmente, porque era pobre y porque era niña. Entonces decide  convertir su casa en un claustro. Allí se excedía santamente en  las penitencias corporales, llegando a disciplinarse hasta perder el  conocimiento. Los de su casa intentan apartarla del camino emprendido, pero es  tanta la gracia humano-divina que se refleja en toda su persona, que convence a  todos. Y las horas de oración se sucedían sin interrupción  en su vida.

A los ocho años, víctima de sus penitencias,  contrae una gravísima enfermedad, que dura quince meses. Fue  milagrosamente curada por la Santísima Virgen, quien le mandó  tomar el hábito de la Tercera Orden de San Francisco, hábito que  recibió en la iglesia de Santa María. Aquel día  empezó su vida de apóstol. Al salir de la iglesia predicó  con tal fervor sobre la pasión de Nuestro Señor Jesucristo y los  pecados de los hombres, que todos se volvieron compungidos a sus casas,  mientras ella regresaba gustosa a su soledad. Día tras día toda  la ciudad, atónita, oyó sus predicaciones. Difícilmente  comprendemos hoy el ardor con que las multitudes medievales iban tras el  predicador de la palabra de Dios, las conversiones, las públicas  reconciliaciones que provocaba, por ejemplo, un San Antonio de Padua. Y si el  predicador resultaba ser una niña de pocos años...

No faltaron las contradicciones ni las penas. Los  partidarios de Federico II, enemigos de la Santa Sede, en seguida la hicieron  objeto de sus ataques. Tras las mofas y las calumnias vino el destierro. Todo  ello sirvió para demostrar el temple de aquella niña, quien, como  los apóstoles en otro tiempo, dijo que no podía dejar de predicar  la divina palabra. Y la Providencia se valió de la malicia de sus  perseguidores para que la semilla de la verdad fructificara en otras partes.  Con sus padres tuvo que salir de noche de Viterbo, mientras la nieve  barría los caminos. Agotados por el cansancio y el sufrimiento, llegaron  al día siguiente al pueblo de Soriano. Sin embargo, todos los  sufrimientos físicos se desvanecieron ante el dolor de su alma por la  disolución moral de aquellas gentes. Allí continúa  predicando, y su predicación se convierte, al cabo de algunos meses, en  abundantes conversiones. Acuden también a oírla hombres y mujeres  de los pueblos vecinos. A sus oyentes un día les anunció la  muerte de Federico II, ocurrida en Fiorentino de Puglia el 13 de diciembre de  1250. Al fin de su vida el emperador se reconcilió con la Iglesia.

Y los pueblos de Vitorchiano, Orvieto, Acquapendente,  Montefalcone y Corneto, oyeron, extrañados y al fin convencidos, la voz  de aquella niña que atraía con su sola presencia, y que, si era  preciso, confirmaba su predicación con milagros. Uno de los defectos que  se achacan, con razón, a la Edad Media es la excesiva credulidad con que  admitía los hechos extraordinarios. Hoy los biógrafos de nuestra  Santa rechazan algunos de los milagros que se le atribuyeron, pero sin duda  ninguna que hizo grandes milagros, porque de otro modo no se explica la  polvareda espiritual que su paso levantó por todas partes. Su vida  entera era un milagro.

A los dieciocho meses de haber salido de su pueblo natal  pudo regresar a él, después de la muerte de Federico II. El  pueblo entero salió a recibir a la mujer extraordinaria, contentos todos  de recuperar aquel tesoro, que ahora apreciaban más después de  haberlo perdido.

A pesar de sus triunfos apostólicos, su alma deseaba  la soledad, para entregarse más decididamente a la oración y a la  penitencia. Es la constante historia de todos los verdaderos apóstoles.  San Bernardo había escrito poco tiempo antes que el apóstol debe  ser concha y no simple canal.

Por segunda vez intenta entrar en un convento. Esta vez el  monasterio lleva el bonito nombre de Santa María de las Rosas. Pero por  segunda vez se le cierran las puertas del claustro. Dios no la destinaba a la  vida religiosa.

Y por consejo de su confesor, Pedro de Capotosti, decide de  nuevo convertir su casa en el claustro soñado; esta vez, sin embargo,  tendrá que preocuparse de la santificación de otras almas.  Algunas amigas suyas de Viterbo se unen a ella para guardar silencio, cantar  salmos y oír sus exhortaciones espirituales. Ante la constante afluencia  de nuevas jóvenes, el confesor de Rosa les compra un terreno cerca de  Santa María de las Rosas. Allí floreció una comunidad que  tomó la regla de la Orden Tercera de San Francisco.

De nuevo las humanas pequeñeces estorbaron la obra de  Dios. Inocencio IV suprimió la obra, a indicación de las monjas  de San Damián.

El biógrafo de San Francisco de Asís,  Tomás de Celano, dice que «cantando recibió la muerte».  Un canto de alegría fue también la muerte de Rosa. Gastada  prematuramente por las penitencias y el apostolado, se preparó para  salir al encuentro del Esposo de las vírgenes. Al recibir el  viático quedó largo rato en altísima contemplación.  Cuando volvió en sí se le administró la  extremaunción. Pidió perdón a Dios de todos sus pecados y  se despidió de sus familiares con la exquisita caridad de siempre.  Jesús, María, fueron sus últimas palabras.  Tenía diecisiete años y diez meses.

Puede fácilmente imaginarse el dolor de los  viterbianos. ¡Había sido tan rápido su paso sobre la tierra!  Su cuerpo, que despedía un perfume muy agradable, fue sepultado en Santa  María.

Inocencio IV inició su proceso de  canonización, pero la muerte le impidió terminarlo. Entonces  nuestra Santa se aparece a Alejandro IV, que a la sazón se hallaba en  Viterbo, y le indica que traslade su cuerpo a la iglesia de San Damián.  Se organizó una magnífica procesión, presidida por el  Papa, a quien acompañaban cuatro cardenales, para el traslado de sus  reliquias a la iglesia aludida. Desde entonces el monasterio se llama de Santa  Rosa.

Nicolás V ordenó al consejo de la villa de  Viterbo que en la precesión de la Candelaria tres cirios de cera blanca  recordaran a todos la luz de su apostolado, su amor a Dios y a los hombres, y  su blancura virginal.

Calixto III la colocó en el catálogo de los  santos. Desde su muerte, el lugar que guarda su cuerpo incorrupto ha sido  centro de constantes peregrinaciones. En 1357 ocurrió en Viterbo un gran  milagro. Quedó reducida a cenizas la capilla que guardaba sus reliquias,  y se quemó la caja que las contenía; el cuerpo santo sólo  cambió un poco de color.

Aunque su muerte ocurrió el día 6 de marzo de  1252, su fiesta se celebra el día 4 de septiembre, por ser el  aniversario de la solemne traslación.

De le representa recibiendo la sagrada comunión junto  a un altar, y viendo en sueños los instrumentos de la pasión de  Nuestro Señor Jesucristo.

¿La lección de Rosa? Yo diría que es una  lección de sobrenaturalismo. Nuestro siglo XX, escéptico ante lo  extraordinario, y excesivamente enamorado de lo humano, conviene recuerde que  Dios tiene marcada preferencia por servirse de instrumentos inadecuados para  obtener sus victorias. Sobre todo deberían recordar frecuentemente la  vida y la obra de Rosa de Viterbo todos los que se dedican al apostolado.